Análisis electoral | Elecciones presidenciales de 2026
“Las diferencias entre las proyecciones
y los resultados de la
primera vuelta plantean interrogantes sobre los modelos
de estimación, los sesgos metodológicos y la
interpretación de la intención
de voto”.
La primera vuelta de las elecciones
presidenciales de Brasil, celebrada el 4 de octubre de 2026, dejó una
importante lección para los estudios de opinión pública: medir la intención de
voto no equivale necesariamente a anticipar con precisión el comportamiento de
los electores en las urnas.
Con el 99,99 % de las urnas
escrutadas, el senador Flávio Bolsonaro obtuvo el 47,03 % de los votos válidos,
frente al 45,16 % alcanzado por el presidente Luiz Inácio Lula da Silva. La
diferencia entre ambos candidatos confirmó una contienda más favorable a
Bolsonaro de lo que sugerían varios de los sondeos publicados antes de la
votación. El resultado condujo a una segunda vuelta prevista para el 25 de
octubre.
El problema no consiste únicamente en
quién encabezaba las encuestas, sino en qué medida sus estimaciones reflejaban
las preferencias reales del electorado. Esta distinción resulta fundamental para evaluar la calidad de los
estudios demoscópicos y comprender sus limitaciones. (Fuente: Tribunal Superior
Electoral de Brasil y publicaciones electorales de octubre de 2026).
Lo que anticiparon
las encuestas
Un relevamiento de Poder360, publicado
el 4 de octubre, reunió 14 encuestas nacionales realizadas entre el 9 de
septiembre y el 3 de octubre. En diez de ellas Lula aparecía numéricamente en
primer lugar; en tres encabezaba Flávio Bolsonaro, mientras que otra registraba
igualdad numérica entre ambos. Estos resultados describían una competencia
estrecha, pero la mayoría de las mediciones no anticipaba la ventaja final del
candidato del Partido Liberal.
Entre los estudios divulgados en
vísperas de las elecciones figuraban los siguientes:
Datafolha. Su encuesta del 2 y 3 de octubre estimaba el 45 % de los votos válidos
para Lula y el 42 % para Flávio Bolsonaro. Al compararlos con los resultados
oficiales, la estimación de Lula quedó muy próxima al resultado final, mientras
que la de Bolsonaro presentó una diferencia de aproximadamente cinco puntos
porcentuales.
Quaest. El sondeo divulgado el 3 de octubre situaba a Lula en el 46 % y a
Bolsonaro en el 45 % de los votos válidos. La diferencia entre la estimación y
el resultado fue menor en el caso de Lula que en el de Bolsonaro, aunque el
candidato del Partido Liberal terminó superando la proyección.
Estas comparaciones muestran que el
desempeño de una encuesta puede variar entre candidatos. Por ello, no basta con
afirmar que un sondeo acertó o falló en términos generales: es necesario
examinar cada estimación, la fecha del levantamiento, la ficha técnica y la
incertidumbre asociada a sus resultados. (Fuentes: Poder360 y Datafolha,
octubre de 2026).
¿Por qué pueden
equivocarse las encuestas?
No existe una explicación única que
permita atribuir las diferencias observadas a una sola causa. Entre los
factores que merecen examinarse se encuentran los siguientes.
1. El voto no
declarado y la deseabilidad social
En contextos de polarización política,
algunos electores pueden mostrarse reticentes a expresar sus preferencias ante
un entrevistador. Este fenómeno suele relacionarse con la deseabilidad social
y, en determinados casos, con la hipótesis del llamado «voto oculto».
Sin embargo, no debe darse por
demostrado que este comportamiento explica la diferencia entre las encuestas y
los resultados brasileños. Para establecerlo sería necesario disponer de
evidencia específica sobre las respuestas de los entrevistados, las tasas de no
respuesta y las variaciones de las preferencias durante la campaña.
El concepto es útil como hipótesis de
investigación, pero no sustituye la comprobación empírica.
2. Los cambios de
última hora
Las preferencias electorales no
permanecen necesariamente estables hasta el día de la votación. Algunos
ciudadanos deciden su voto durante los últimos días, mientras que otros
modifican una elección previa o terminan absteniéndose.
Por esta razón, resulta importante
distinguir entre la fecha de publicación de una encuesta y el período en que se
realizaron las entrevistas. Un estudio divulgado la víspera puede reflejar las
opiniones recogidas varios días antes.
También debe examinarse cómo se
distribuyen los indecisos y qué supuestos utiliza cada encuestadora para
calcular los votos válidos. Sin información adicional, no es posible afirmar
que los electores indecisos brasileños se inclinaron mayoritariamente hacia
Bolsonaro en las últimas horas.
3. Las diferencias
metodológicas
Las encuestas presenciales,
telefónicas y digitales pueden producir resultados distintos debido a sus
mecanismos de selección, cobertura y participación.
Las entrevistas presenciales pueden
verse afectadas por la influencia del entrevistador y por la reticencia de
ciertos participantes a expresar sus opiniones. Las encuestas digitales, por su
parte, pueden presentar dificultades para representar adecuadamente a los
sectores de la población con menor acceso o participación en esos canales.
No obstante, ninguna modalidad
garantiza por sí sola una medición superior. La calidad depende del diseño
muestral, los procedimientos de selección, las ponderaciones, la tasa de
respuesta y los controles aplicados durante el levantamiento.
En consecuencia, atribuir el error
brasileño exclusivamente a las encuestas presenciales o considerar que las
digitales detectan mejor el voto oculto sería una conclusión prematura.
El margen de error
no garantiza un resultado
Uno de los aspectos más importantes de
esta experiencia es comprender qué significa el margen de error anunciado por
las encuestadoras.
En el caso de Datafolha, el margen de
error publicado era de dos puntos porcentuales. La estimación de Lula, del 45
%, se aproximó al 45,16 % obtenido en las urnas. En cambio, la estimación del
42 % para Bolsonaro quedó aproximadamente cinco puntos por debajo de su
resultado del 47,03 %.
Esta diferencia merece ser
investigada, pero es necesario precisar que el margen de error convencional
refleja principalmente la incertidumbre del muestreo bajo determinados
supuestos. No constituye una garantía de que el resultado real de cada
candidato quedará dentro de ese intervalo.
Errores de cobertura, selección, no
respuesta, ponderación o medición pueden ampliar la discrepancia entre una
estimación y el resultado final.
Por eso, evaluar una encuesta exige
algo más que observar si sus porcentajes quedaron dentro o fuera del margen
anunciado. También requiere estudiar la representatividad de la muestra, la
consistencia del modelo y la transparencia con que se comunican sus
limitaciones.
El escrutinio
electrónico y las encuestas son procesos diferentes
La experiencia brasileña también
permite distinguir dos cuestiones que, aunque relacionadas con las elecciones,
responden a problemas diferentes.
El sistema de votación y escrutinio
tiene la función de registrar y contabilizar los sufragios emitidos. Las
encuestas, en cambio, intentan estimar las preferencias de una población a
partir de una muestra de electores.
Por tanto, la rapidez o precisión del
escrutinio no determina la calidad de una encuesta electoral. Un país puede
disponer de un sistema eficiente de contabilización de votos y, al mismo
tiempo, registrar discrepancias entre las proyecciones demoscópicas y los
resultados de las urnas.
La cuestión central es cómo se
seleccionan los participantes, cómo se interpretan sus respuestas y qué
procedimientos se utilizan para convertir los datos recopilados en una
estimación electoral.
¿Qué lecciones deja
Brasil para la República Dominicana de cara a 2028?
La experiencia brasileña plantea
interrogantes relevantes para las encuestadoras, los medios de comunicación,
los partidos políticos y los organismos responsables de regular la actividad
electoral en la República Dominicana.
En primer lugar, resulta necesario
promover una mayor transparencia metodológica. La publicación de los
porcentajes de intención de voto debería acompañarse de información accesible
sobre el tamaño de la muestra, el procedimiento de selección de los participantes,
las fechas del levantamiento, el margen de error, las ponderaciones y las
fuentes de financiamiento.
En segundo lugar, conviene diferenciar
claramente entre intención de voto, proyección electoral y resultado probable.
Aunque estas expresiones suelen utilizarse de manera indistinta en el debate
público, no significan lo mismo.
En tercer lugar, sería útil evaluar
sistemáticamente las encuestas después de cada proceso electoral. La
comparación entre estimaciones y resultados oficiales permitiría identificar
errores recurrentes, examinar la calidad de los modelos y fortalecer la confianza
pública en los estudios de opinión.
Finalmente, el debate dominicano debe
considerar las obligaciones de registro y transparencia que establezca la
legislación vigente, sin confundir la regulación de las encuestas con la
administración del proceso de votación.
Conclusión: medir la
opinión pública exige rigor y transparencia
La primera vuelta presidencial
brasileña demuestra la importancia de examinar críticamente las estimaciones
electorales, sobre todo cuando existe una competencia polarizada y estrecha.
Sin embargo, la diferencia entre las
encuestas y el resultado no permite concluir, por sí sola, que el voto oculto
fue la causa principal, que una modalidad de entrevista es necesariamente
superior a otra o que todas las encuestadoras subestiman sistemáticamente al
electorado de derecha.
La tarea consiste en contrastar los
datos, revisar las metodologías y determinar qué factores explican las
discrepancias observadas.
De cara a las elecciones dominicanas
de 2028, la lección es clara: las encuestas electorales son instrumentos de
medición, no resultados anticipados de las urnas. Su utilidad depende de la
calidad de los datos, la transparencia de sus procedimientos y la prudencia con
que se interpretan sus conclusiones.
La credibilidad de los estudios
demoscópicos no se fortalece prometiendo predicciones infalibles, sino
explicando con claridad qué miden, cuáles son sus límites y hasta dónde
permiten anticipar el comportamiento electoral.
Fuentes y nota metodológica
- Poder360. Compilación de las últimas 14 encuestas nacionales para la
primera vuelta presidencial brasileña, publicada el 4 de octubre de 2026.
- Datafolha. Encuesta presidencial divulgada antes de la primera
vuelta, con entrevistas realizadas los días 2 y 3 de octubre de 2026.
- Tribunal Superior Electoral de Brasil (TSE). Resultados oficiales de
la primera vuelta presidencial de 2026.